6 jun 2026

Firmes por la patria

(Tomado del FB de Roddy. Junio 6 de 2026)

Me van a perdonar mis amigos y familiares que piensan diferente. Aunque tengamos visiones distintas del país, eso no cambia el respeto, la admiración y el cariño que les tengo. Las diferencias políticas jamás deberían estar por encima de los afectos, de la amistad o de la familia.

Sin embargo, siento la necesidad de expresar lo que pienso y lo que he vivido.

He escuchado muchas veces la frase "Firmes por la patria". Y yo también amo profundamente a Colombia. Pero hay una diferencia enorme entre hablar de sacrificio y haber tenido que vivirlo.

Yo no tuve la oportunidad de ir a la universidad. No porque no quisiera estudiar, sino porque mis padres no tenían los recursos para brindarme esa posibilidad. Como miles de familias colombianas, hicieron todo lo que pudieron, pero simplemente no alcanzaba.

En aquella época, para obtener la libreta militar había que pagarla. Muchos pudieron hacerlo y continuar con sus proyectos de vida. En mi caso, mi familia no tenía cómo asumir ese costo, así que me tocó prestar servicio militar.

Y allí estaba yo, arriesgando la vida por apenas $76.000 mensuales. Setenta y seis mil pesos. Esa era la realidad de muchos jóvenes que no llegaban al Ejército por vocación, sino porque las circunstancias económicas no les dejaron otro camino.

Por eso me cuesta escuchar discursos que hablan de guerra con tanta ligereza. Me cuesta escuchar a quienes exaltan el sacrificio de otros cuando jamás han tenido que vivirlo en carne propia. A quienes hablan de patria desde una comodidad que nunca les exigió elegir entre estudiar o sobrevivir.

Durante décadas, los hijos de campesinos, obreros y familias humildes fueron quienes cargaron sobre sus hombros el peso de una guerra absurda que dejó dolor, muerte y oportunidades perdidas. Mientras algunos debatían ideologías, otros eran quienes ponían los muertos, los heridos y los sueños truncados.

No escribo esto desde el resentimiento. Lo escribo desde la memoria.

Y precisamente por esa memoria, hoy quiero hacer un llamado a votar con conciencia.

No vote por el odio. No vote por el miedo. No vote por discursos populistas que buscan dividir a los colombianos entre buenos y malos. No entregue su criterio a quienes convierten el dolor de la gente en una herramienta política.

Vote pensando en las familias que han tenido que luchar cada día para salir adelante. Vote pensando en los jóvenes que merecen más oportunidades que las que tuvieron generaciones anteriores. Vote pensando en construir un país donde el origen económico no determine el futuro de una persona.

La patria no se demuestra repitiendo consignas. La patria se demuestra entendiendo el sufrimiento de los demás, respetando las diferencias y tomando decisiones responsables para el futuro de todos.

Porque amar a Colombia no es odiar a quien piensa distinto. Amar a Colombia es querer que ningún joven tenga que escoger entre sus sueños y las limitaciones que le impone la pobreza.

No es fraude, es “golpe de Estado”

(Tomado del FB de SOY TU JAVI. 6 junio 2026)

*** A todos los vende patria ***

Nunca antes en mi vida, ni siquiera cuando salió electo Duque, había tenido tan clara la certeza de que vamos camino a cometer la cagada más grande de nuestra historia política reciente al dizque “elegir” a este “bárbaro” que vamos a poner de presidente de la República. 

Ayer, por ejemplo, vi un video en donde sale Abelardo diciendo que va a “dolarizar” la economía, ¡háganme el HP favor! 

Y por ahí hay otro en donde dice que va a sacar a Colombia de la ONU, de la OEA y de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. 

En otro, aparece diciendo que va a llenar a Colombia de bases militares americanas. 

En otro, dice que va a privatizar media Colombia, que va a vender 137 empresas estatales, muchas en el sector energético, lo que hará que la energía en este país, para la gente humilde, se vuelva un lujo. 

Que dizque va a echar a 700 mil empleados públicos, y que los va a indemnizar. 

En otra entrevista dice que dizque va fusionar ministerios, como hizo Milei en Argentina, si no es que los va a eliminar del todo. 

Y para rematar con broche de oro, ya amenazó con “destripar” a opositores de izquierda y el mismo sistema de oposicion. 

Y todo esto lo va a conseguir en unas elecciones que parecen, claramente, estar contaminadas con fraude. 


A mi ustedes me van a perdonar pero esto no es un proceso “democrático” para escoger a Abelardo, esto es un GOLPE DE ESTADO que los gringos nos están dando al imponernos a la mala a este HP con un programa de gobierno que solo le conviene a ellos. Abelardo no va a gobernar para los colombianos, va a gobernar para los intereses extranjeros. De Duque se decía que era un “títere” de Uribe, y fue cierto. Esto es peor. Abelardo será un títere de los americanos y los judíos, dos potencias extranjeras. 

Y yo veo como medios, asociaciones de comerciantes y empresarios, grupos políticos, y otros estamentos de la sociedad están induciendo a la población con el cuento de que esto “ya está resuelto”, de que va a ser “Abelardo si o sí”, y me doy cuenta que esto ya no es democracia sino un régimen. Aquí ya se tomó la determinación de poner a Abelardo de presidente, haya ganado con votos o con fraude, y eso ya no parece tener marcha atrás. 

Nadie investiga las reclamaciones de fraude, y hasta Petro parece resignado a que se las roben, quizá porque sabe que, si contraría a los gringos, no lo sacan nunca de la Lista Clinton y le va a tocar vivir como un paria a él y a su familia el resto de sus días. 

Y Cepeda no dice nada, en silencio, como esperando lo inevitable. Con el cuento que cualquier conversación de fraude lo “perjudica” y le hace “daño a su campaña” están silenciando lo que bien parece un robo gigantesco, porque ya los americanos sentenciaron que el presidente va a ser Abelardo….y punto. 


Ok, si Colombia quiere “golpe de estado”, perfecto. No será la primera vez que eso ocurre en este continente, ni creo que sea la última. 

Pero vamos a llamar a las cosas por su nombre. Estas elecciones no son elecciones. Aquí ya hay un candidato del establecimiento bendecido por los americanos, que va a gobernar para los americanos y los judíos, y al pueblo colombiano lo están haciendo a un lado porque el “régimen” ya tomó la determinación de no escucharlo. Eso es con lo que estamos lidiando, no se equivoquen. 


Ayer chateaba por aquí con un amigo decidido a votar por Abelardo y le decía: “Vota por ese man si quieres, pero te apuesto lo que quieras a que, 6 meses en su presidencia, la mitad de los que lo eligieron van a estar arrepentidos de su voto”. Petro se empezó a desmoronar 2 años en su gobierno por una situación personal degradante, pero a Abelardo lo van a empezar a detestar rapidito en su gobierno porque su talante de marioneta de los americanos va a resultar obvio bastante pronto, y traerá resultados brutales que el pueblo colombiano va a rechazar de inmediato. 

La pregunta no es que le vayan a armar “estallido social” a Abelardo, eso ya yo lo doy por descontado. La pregunta es si ese levantamiento no se va a conato de guerra civil. 

Esa es la única y verdadera pregunta. 


Los americanos necesitan de una Colombia “sumisa” desesperadamente, por muchas razones, y Abelardo va a ser su instrumento. 

En Venezuela, hace 6 meses, bajaron a un tirano de izquierda con una operación de captura con Delta Force y tal. 

En Colombia van a ser más sutiles. En vez de quitar a un “tirano”, los gringos nos van a zampar uno: Abelardo. Ya van a a ver lo “mostrico” que va a salir ese güevón. 


De aquí para adelante, cada uno de ustedes se hace responsable de sus actos. Con Petro nos equivocamos muchos porque el tipo, moralmente, se derrumbó en frente de nuestro ojos, acabando en un espectáculo grotesco. Pero Petro no le ha vendido el país a ninguna potencia extranjera, hay que decirlo. 

Abelardo puede tener una familia ejemplar y ser un modelo de comportamiento en lo personal (no es borracho, no es adicto a las drogas, no va a donde las putas), pero igual era el caso con Hitler, y miren en lo que acabó esa historia. 

La amenaza que representa Abelardo es otra. Estamos hablando de la propia viabilidad, de aquí para adelante, de Colombia como un país independiente. Ese HP lo va a vender, y va a quedar en la historia como el “traidor” que le entregó Colombia a los gringos. 


Las fuerzas globales en este mundo se están moviendo hacia lo conformación de bloques de influencia “amarrados” a los intereses de los poderosos, y en este hemisferio nosotros vamos a entrar en una fase de “sometimiento” permanente a la voluntad de los americanos, y este corroncho arribista nuevo rico de Montería es el que nos va a llevar por ese camino. 

Petro fue una calamidad, eso es innegable. Pero una calamidad no se corrige con una BARBARIDAD, que es lo que se viene con este patán sabanero. 


Si vamos a plantar cara, es ahora, ¡ya! O impedimos que este filipichin de mierda llegue, votando masivamente contra él y el golpe de estado que él representa, o bajamos los brazos y le entregamos este país a Trump y Netanyahu, escojan. Esto no es de escoger entre un presidente de “derecha” y uno de “izquierda”. Es escoger entre ser libres y ser vasallos, y yo lo que veo es que el “furor” por ser vasallo va ganando, al menos en medios y redes. 

Y aquí ya no importa si hicieron fraude o no, o si el conteo o el pre-conteo no sé qué, o si penetraron el sistema de la Registraduría no sé cómo. Estas elecciones se las van a robar si o si, y lo único que queda es un alzamiento popular para impedir que lo hagan, y que los ladrones consumen su golpe de estado. 


No, esto no es fraude. Fraude es cuando alguien destruye los votos de un rival para elegir al candidato deseado, o cuando alguien mete votos ficticios por el candidato de uno para aumentar su votación. 

Cuando un establecimiento entero hace todo eso, y luego trae a un presidente extranjero, al presidente del país más poderoso del mundo, para que diga que apoya al que está robando, eso ya no es fraude, eso es un “GOLPE DE ESTADO”. 


Y no esperen a que Abelardo se posesione para protestar. Si van a protestar, ¡ES AHORA O NUNCA!! Quedan dos semanas para mitigar este golpe de estado. O salimos masivamente a votar para que Abelardo pierda, o incendiamos el país para que no se posesione. Esas son las dos únicas opciones que hay. 

Por el bien del país, es más fácil salir masivamente a votar para evitar que ese títere esperpentico de los gringos llegue al poder. 


Apuesto lo que sea, hasta mi nombre y apellido, que en Febrero del año entrante, si ponen a este atarvan de presidente, la gente va a salir a las calles pidiendo que “vuelva Petro”. 

Estamos en una situación que parece una película de Tarantino. Una de esas escenas en donde el protagonista escapa de una situación límite, solo para entrar en una aún peor. 

Seis meses en la presidencia de Abelardo, media Colombia va a recordar a Petro como “los buenos tiempos”, como si el man fuera “Blancanieves”. 

Es ahora o nunca. En 2 semanas el golpe de estado se habrá consumado, y acá ya no va a haber nada que hacer.

Ustedes deciden…

Von Priast

Los Firmes de la Ola: Cómo un lema militar convirtió a Colombia en batallón sin comandante

Por: Jesús Elías Varón Rincón

Tomado de FB. Junio 6 de 2026.

Hay palabras que caminan disfrazadas. Llegan con el uniforme de la patria, con el porte de quien defiende algo sagrado, y nadie se detiene a mirarles los zapatos. "Firmes por la patria", repiten como eco de cuartel, sin saber que en el manual de instrucción militar —ese libro que no leen los civiles— la palabra "firmes" no es un grito de libertad, sino una orden de inmovilidad. Es el comando que congela al soldado. Es la instrucción que le dice: no te muevas, no pienses, no maniobres. Espera. Quieto. A merced de quien te dio la orden.


Abelardo de la Espriella, abogado de oficio y estratega de campaña por vocación, encontró en ese término su arma más letal. No una metáfora, no un juego poético. Una computación exacta del poder. "Firmes por la patria" no es un llamado a la acción; es una orden de parada. Es el candidato diciéndole al electorado: quédate ahí, no hagas nada, no cuestiones, no te desvíes del lugar que te asigné. Y el electorado, encantado con el ritmo marcial del eslogan, obedece sin saber que está siendo comandado.


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En el patio de cualquier batallón de Colombia, cuando el sargento grita "¡Firmes!", los reclutas dejan de respirar con libertad. Los talones se juntan, los brazos pegan al cuerpo, la mirada se fija al frente. No hay diálogo posible. No hay deliberación. El soldado firme no decide; espera la siguiente orden. Esa es la belleza del término para quien manda: anula la voluntad sin necesidad de discutirla. Conviene al superior que sus subordinados estén firmes, porque un ejército en movimiento propio es un ejército incontrolable.


De la Espriella lo sabe. O lo intuye con esa astucia que tienen los mercaderes de la política moderna. Su campaña no pide al ciudadano que piense, que exija, que proponga. Le pide que se quede "firme". Que repita el lema como los reclutas repiten el nombre de la patria en la formación matutina. Que se sienta parte de algo grande mientras, en realidad, se inmoviliza. El candidato no necesita votantes críticos; necesita tropa disciplinada. Y para eso, qué mejor que un eslogan que ya viene con la cadena de mando incorporada.


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La gente no sabe de la connotación del término. No sabe que "firmes" es la antítesis de la democracia deliberativa, de la sociedad que debate, de la ciudadanía que exige cuentas. Repiten "firmes por la patria" como loros adiestrados en un guacamayo de plaza pública, creyendo que pronuncian un grito de rebeldía cuando en realidad están pronunciando su propia suspensión. Es el milagro de la propaganda bien hecha: hacer que el sujeto alabe su propia jaula.


Y aquí es donde el espejo se vuelve alemán, oscuro, inquietante.


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En 1981, Dennis Gansel estrenaba Die Welle —La Ola—, película que recrea el experimento de Ron Jones en una escuela californiana de los años sesenta. Un profesor de historia, intentando demostrar a sus alumnos que el fascismo no era un fantasma del pasado sino una tentación permanente, crea un movimiento llamado "La Ola". Le da un saludo propio. Un uniforme blanco. Un lema: "Fuerza a través de la disciplina". "Fuerza a través de la comunidad". En cinco días, los adolescentes —jóvenes liberales, hijos de la democracia— se transforman en milicia fanatizada. Acosan a quien no se une. Persiguen al diferente. Olvidan que todo comenzó como un juego de salón.


La película no es una advertencia sobre el nazismo. Es una radiografía del presente. Muestra cómo el ser humano anhela, en lo más hondo, dejar de pensar. Cómo la disciplina externa alivia la angustia de la libertad. Cómo un lema simple, un gesto repetido, una identidad nueva, pueden apagar la conciencia más despierta.


De la Espriella no necesita cinco días. Tiene las redes sociales, donde la repetición no es ritual sino algoritmo. Tiene a un electorado agotado por la violencia, por la desigualdad, por la sensación de que nada cambia. Y ofrece, con su "firmes por la patria", exactamente lo que ofrecía el profesor de La Ola: la paz de no pensar. La ilusión de pertenecer a algo mientras se entrega el derecho a moverse.


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En la película alemana, el desenlace es trágico. Un alumno, desbordado por la revelación de que todo fue manipulación, dispara en el acto de cierre. La comunidad ficticia se desmorona con sangre real. El espectador sale de la sala preguntándose: ¿yo habría caído? ¿Habría saludado con el brazo extendido si me hubieran dicho que era por el bien del grupo?


En Colombia, el desenlace aún no llega. Pero ya se escuchan los pasos de formación. Ya se ven las camisetas blancas, los hashtags uniformados, la rabia contra quien no repite el lema. "Firmes por la patria", tuitean quienes ayer criticaban el autoritarismo. "Firmes", gritan quienes no saben que la orden militar no admite preguntas. Y el candidato, desde su trinchera de sonrisas y promesas, observa su batallón. Quietos. A la espera. Listos para avanzar, sí, pero solo cuando él dé la orden. Solo cuando él lo decida. Solo cuando él, y no ellos, determine qué significa, en última instancia, esa patria por la que tanto se jura firmar.


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La tragedia no es que Abelardo de la Espriella haya elegido esas palabras. La tragedia es que funcionen. Que en un país con tanta historia de obediencia ciega —a caudillos, a partidos, a violencias que se disfrazaban de orden— la orden de "firmes" suene a consuelo y no a amenaza. Que el electorado colombiano, cansado de nadar contra la corriente, prefiera la quietud del cuartel a la fatiga de la plaza pública.


Pero la democracia no se hace de firmes. Se hace de movimientos. De marchas incómodas, de debates enredados, de ciudadanos que no esperan la orden sino que la cuestionan. "Firmes" es el sueño de todo comandante: soldados que no maniobren. "Firmes" es la pesadilla de toda república: ciudadanos que no actúen.


De la Espriella lo sabe. Por eso eligió el término. Por eso lo repite. Por eso sonríe cuando la multitud lo corea.


Mientras tanto, la ola crece. Blanca, disciplinada, firme. Y al final de la película, como siempre al final de estas películas, habrá quienes miren hacia atrás y se pregunten cuándo dejaron de ser personas para convertirse en batallón.


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Jesús Elías Varón Rincón

3 jun 2026

La banalidad del mal y la alta votación por Abelardo de la Espriella en Colombia

Autor: Manus AI

Fecha: 3 de junio de 2026


Introducción

A partir del concepto de “la banalidad del mal” de Hannah Arendt, la alta votación por Abelardo de la Espriella puede leerse menos como una adhesión explícita y consciente a un proyecto de crueldad, y más como el síntoma de una cultura política en la que el miedo, el cansancio, la polarización y el deseo de orden pueden volver ordinarias ciertas promesas de fuerza. La clave arendtiana no consiste en afirmar que todos los votantes sean “malos”, ni en equiparar mecánicamente una elección colombiana con el totalitarismo nazi. Consiste, más bien, en observar cómo una sociedad puede normalizar lenguajes de deshumanización, soluciones punitivas simplificadas y obediencias emocionales cuando deja de pensar críticamente las consecuencias de lo que apoya.

Según El País, De la Espriella ganó la primera vuelta presidencial colombiana de 2026 con 43,7% de los votos, frente al 40,9% de Iván Cepeda, en un país descrito como profundamente partido entre dos proyectos antagónicos.1 La Silla Vacía reportó luego una medición de AtlasIntel en la que De la Espriella aparecía con 50,3% de intención de voto en segunda vuelta frente a 42,6% de Cepeda, y señaló que el rechazo al adversario podía convertirse en el eje decisivo de la campaña.2 Ese dato es fundamental: la votación no expresa únicamente amor político por un candidato; puede expresar también voto defensivo, rechazo al otro, miedo al futuro y deseo de castigo.


Marco conceptual: qué quiso decir Arendt

Hannah Arendt acuñó la expresión “banalidad del mal” en Eichmann en Jerusalén, al observar que Adolf Eichmann no aparecía ante ella como un monstruo demoníaco, sino como un funcionario ordinario, lleno de frases hechas, incapaz de pensar desde el punto de vista de los otros.3 La Stanford Encyclopedia of Philosophy recuerda que Eichmann in Jerusalem fue la obra en la que Arendt formuló ese concepto controversial, dentro de una reflexión más amplia sobre totalitarismo, juicio, acción política y responsabilidad.4

La banalidad del mal no significa que el mal sea pequeño. Significa que actos gravísimos pueden ser ejecutados, tolerados o legitimados por personas que no se experimentan a sí mismas como criminales, sino como obedientes, realistas, patriotas, eficientes o simplemente “normales”.

La British Academy resume la intuición arendtiana señalando que Eichmann era “banal” no porque no fuera culpable, sino porque representaba una forma de mal más difícil de combatir: un mal asociado con la irreflexión, la incapacidad de comprender la pluralidad humana y el uso de clichés políticos.3 Aeon, por su parte, subraya que Arendt vio en Eichmann a alguien que podía cometer actos atroces sin una intención demoníaca explícita, aunque también recuerda críticas posteriores según las cuales Arendt pudo haber subestimado la dimensión ideológica de Eichmann.5 Esta cautela es importante para el caso colombiano: usar a Arendt no debe convertirse en un insulto moral contra los votantes, sino en una herramienta para analizar cómo opera la normalización política de la dureza.

El artículo académico de Botero y Leal en Universitas Philosophica distingue entre el mal radical, que en Arendt describe el horror totalitario y la producción de seres humanos superfluos, y la banalidad del mal, que apunta al agente burocrático o social que participa en actos atroces sin reconocerse movido por una maldad excepcional.6 Esa distinción permite evitar exageraciones: Colombia no es un régimen totalitario por el hecho de que un candidato de derecha obtenga una votación alta; pero la teoría de Arendt sí advierte que las democracias pueden degradarse cuando la ciudadanía acepta como normales discursos que reducen la complejidad social a enemigos eliminables.


El perfil político de Abelardo según el video y las fuentes

El video de La Pulla presenta a Abelardo de la Espriella como un candidato que combina imagen de outsider, espectáculo político, retórica religiosa, estética de fuerza y promesas de autoridad.7 En el análisis del video aparecen varios rasgos centrales: el uso de la figura del “Tigre”, la cercanía simbólica con liderazgos como Donald Trump, Nayib Bukele y Javier Milei, un discurso de confrontación contra críticos y periodistas, y propuestas de seguridad centradas en “mano de hierro”, megacárceles y ruptura con diálogos de paz.7

El País también lo caracteriza como abogado ultraconservador, admirador de Trump, Bukele y Milei, y candidato que se presenta como outsider, aunque con trayectoria pública y vínculos con sectores de poder.1 El video de La Pulla añade una crítica decisiva: De la Espriella promete perseguir criminales, pero construyó parte de su carrera como abogado defendiendo a figuras cuestionadas o condenadas, incluidos actores ligados a escándalos de corrupción, parapolítica o paramilitarismo.7 Esta tensión no descalifica automáticamente su derecho a ser candidato, pero sí revela un punto arendtiano: la política puede convertir contradicciones graves en detalles secundarios cuando el electorado se concentra en la eficacia simbólica del “hombre fuerte”.

Por qué una alta votación puede ser compatible con la banalidad del mal

La pregunta central no es “¿por qué tanta gente vota por el mal?”, porque esa formulación ya clausura el pensamiento. La pregunta arendtiana sería: ¿qué condiciones permiten que una parte significativa de la sociedad considere razonables, necesarias o incluso deseables ciertas formas de dureza política? En Colombia, esas condiciones incluyen inseguridad persistente, cansancio ante la corrupción, frustración con la política tradicional, polarización acumulada, rechazo al gobierno saliente y una larga historia de violencia que ha acostumbrado a muchos ciudadanos a imaginar la paz como debilidad y el castigo como solución.


En este marco, la alta votación por De la Espriella puede interpretarse como una convergencia de al menos cuatro impulsos sociales. Primero, un impulso de orden, que busca una autoridad fuerte frente a la percepción de caos. Segundo, un impulso de castigo, que desea que alguien “ponga mano dura” contra criminales, corruptos, guerrillas o enemigos ideológicos. Tercero, un impulso de identidad, en el que patria, religión, masculinidad política y orgullo regional o nacional se funden en una narrativa de recuperación. Cuarto, un impulso antipetrista o antiizquierdista, que puede votar menos por convicción programática que por rechazo a Cepeda, al Pacto Histórico o a lo que se percibe como continuidad de Petro.1 2


Desde Arendt, el problema aparece cuando esos impulsos dejan de ser objeto de deliberación y se convierten en reflejos. La banalidad del mal es, en este sentido, una renuncia al juicio. No necesariamente una renuncia espectacular, sino cotidiana: compartir un eslogan sin preguntarse a quién deshumaniza; aplaudir una cárcel sin preguntar por debido proceso; celebrar la humillación de un periodista porque “se lo merece”; aceptar que ciertos grupos son obstáculos y no ciudadanos; votar por “orden” sin interrogar qué libertades se entregan a cambio.


La banalidad no está solo en el líder: también puede estar en el clima social

Una lectura superficial buscaría en Abelardo una figura “maligna” y cerraría allí el análisis. Arendt obliga a mirar más lejos. La banalidad del mal no depende únicamente del dirigente, sino de una red de normalizaciones: medios que premian el espectáculo, ciudadanos que buscan certezas simples, élites que toleran discursos extremos si protegen sus intereses, redes sociales que convierten el miedo en identidad, y opositores que responden con descalificación total, reforzando la polarización.

Por eso, el hecho de que La Silla Vacía indique que la segunda vuelta puede jugarse en buena medida por el rechazo al otro es tan importante.2 Cuando la política se organiza alrededor de la repulsión, el adversario deja de ser interlocutor y se vuelve amenaza. Ese es el terreno fértil de la banalidad: no hace falta que millones de personas deseen conscientemente el daño; basta con que acepten que el daño a ciertos otros es un costo necesario para salvar el país.


Advertencia metodológica: Arendt no debe usarse como insulto electoral

Aplicar Arendt a Colombia exige prudencia. No se debe decir que votar por De la Espriella equivalga a apoyar un totalitarismo, ni que sus votantes sean Eichmann. Eso sería filosóficamente pobre y políticamente contraproducente. Arendt sirve mejor como advertencia sobre la irresponsabilidad del pensamiento automático. En una democracia, los ciudadanos tienen derecho a votar por opciones de derecha, exigir seguridad, rechazar al gobierno de turno o preferir un Estado más pequeño. El punto crítico aparece cuando esas preferencias se articulan con desprecio por la pluralidad, hostilidad al periodismo, relativización de garantías judiciales, culto al líder fuerte o fantasías de purificación nacional.


La pregunta democrática no es si la derecha puede gobernar; por supuesto que puede. La pregunta es si una sociedad puede exigir seguridad sin sacrificar humanidad, justicia sin venganza, autoridad sin autoritarismo, religión sin cruzada, patriotismo sin exclusión, y eficiencia sin desprecio por el derecho.


Conclusión

La alta votación por Abelardo de la Espriella puede entenderse como el resultado de una coyuntura de miedo, polarización y deseo de autoridad. Desde Hannah Arendt, lo inquietante no es únicamente que un candidato de derecha radical obtenga muchos votos, sino que una parte del electorado pueda considerar banales —es decir, normales, prácticas, inevitables— ciertas formas de lenguaje político que reducen la complejidad social a enemigos y prometen resolver conflictos históricos mediante fuerza, castigo y simplificación.

La banalidad del mal, aplicada con cuidado, no acusa a millones de votantes de ser malvados. Advierte algo más profundo: que el mal político moderno puede entrar en la vida democrática no siempre como odio consciente, sino como cansancio, frase hecha, miedo, obediencia emocional, deseo de orden y falta de imaginación moral. En Colombia, el desafío no es solo derrotar o elegir a un candidato; es recuperar la capacidad ciudadana de pensar antes de obedecer, de juzgar antes de aplaudir, y de reconocer que ningún proyecto de patria merece convertir a otros seres humanos en material descartable.


Lista de referencias consultadas

1. El País. “De la Espriella y Cepeda se disputarán la presidencia de Colombia mientras Petro cuestiona los resultados”. Fuente de prensa internacional usada para datos de primera vuelta, caracterización ideológica de De la Espriella y contexto de polarización electoral. Disponible en: https://elpais.com/america-colombia/elecciones-presidenciales/2026-05-31/de-la-espriella-y-cepeda-se-disputaran-la-presidencia-de-colombia-con-un-pais-partido-en-dos.html

2. La Silla Vacía. “Encuesta Atlas Intel de segunda vuelta: Abelardo le gana a Cepeda por 8%”. Fuente de prensa colombiana y encuesta usada para la medición posterior a primera vuelta, intención de voto en segunda vuelta y análisis del voto de rechazo. Disponible en: https://www.lasillavacia.com/en-vivo/atlas-intel-abelardo-se-impondria-por-7-puntos-en-segunda-vuelta/

3. British Academy. “Hannah Arendt’s lessons for our times: the banality of evil, totalitarianism and statelessness”. Fuente de divulgación académica usada para explicar contemporáneamente el concepto de banalidad del mal, la irreflexión y el pensamiento totalitario. Disponible en: https://www.thebritishacademy.ac.uk/blog/hannah-arendts-lessons-for-our-times-the-banality-of-evil-totalitarianism-and-statelessness/

4. Stanford Encyclopedia of Philosophy. “Hannah Arendt”. Enciclopedia filosófica académica usada como marco general sobre la obra de Arendt, su filosofía política y el lugar de Eichmann en Jerusalén. Disponible en: https://plato.stanford.edu/entries/arendt/

5. Aeon. “What did Hannah Arendt really mean by the banality of evil?”. Ensayo filosófico usado para discutir el significado de la banalidad del mal y las críticas posteriores a la lectura de Arendt. Disponible en: https://aeon.co/ideas/what-did-hannah-arendt-really-mean-by-the-banality-of-evil

6. Universitas Philosophica / SciELO. “El mal radical y la banalidad del mal: las dos caras del horror de los regímenes totalitarios desde la perspectiva de Hannah Arendt”. Artículo académico usado para distinguir entre mal radical, banalidad del mal, terror totalitario, superfluidad humana e irreflexión. Disponible en: http://www.scielo.org.co/scielo.php?pid=S0120-53232013000100005&script=sci_arttext

7. La Pulla. “This is Abelardo de la Espriella, winner of the first round in Colombia”. Video periodístico usado como perfil audiovisual de De la Espriella, su estilo político, propuestas, críticas y contradicciones señaladas. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=AUA065fFFUw

8 sept 2024

Belén de Bajirá- 15 ag AA2024

 https://m.youtube.com/watch?v=TT_ludV1I6k&pp=ygUqUHJlc2lkZW5jaWEgcGV0cm8gYmVsZW4gZGUgYmFqaXJhIGNvbG9tYmlh

15 agosto 2024 Belen de Bajirá

29 sept 2020

...Quien la desobnuribilizará?


La tragedia Uribe viene desde muy atrás, como dice Silvio R: "me fui a buscar al primer hombre que mintió". Busquemos al primer colombiano avivato que torció la ley a favor de sus intereses personalistas!. El fenómeno Uribe es la condensación de los climas mas densos de la población colombiana. En ese sentido, la tarea de todos consiste en identificar, reconocer y neutralizar al Uribe que llevamos dentro!

Uribe tiene poder en Colombia porque un porcentaje numeroso (y el disminución) de colombianos le atribuye poder! Sin dicho apoyo él no hubiese podido hacer de las suyas de la manera que lo ha venido haciendo antes y ahora. 

Entre sus seguidores y defensores hay dos grupos, uno grande y uno chico: el primero constituido por miles y miles de personas mal informadas y/o desinformadas que solo atienden a las fuentes "oficiales" de información: los noticieros de siempre, las emisoras de siempre, y por tanto, no tienen elementos de juicio para cotejar la información que reciben por los medios. Muchos de ellos proclives al autoritarismo o que han sufrido en carne propia la violencia de la parte de grupos guerrilleros. Son personas que están dispuestos a renunciar la las libertades básicas con tal de sentirse seguras. 

En el otro grupo de uribistas, mucho mas pequeño que el primero,  están los que se benefician del regimen. Los que ven en su jefe la encarnación de los valores anti humanistas que guía sus vidas: trampa, mala fe, violencia en todas sus formas, ventaja, leguleyadas. 

A los primeros: ayudarles a informarse mostrándoles hechos a través de fuentes directas o de otras fuentes. A los segundos: denunciarles y hacerles el repudio social!