10 feb. 2013

No porque sea licito es correcto

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Ser presidente de una corporación judicial es un privilegio. Como tal, no se somete a un juicio de igualdad, dado que no todos podemos aspirar al mismo. Por ello, el privilegio debe respetarse y demandarse no sólo el comportamiento lícito, sino también uno correcto. Ese es el costo de acceder a los privilegios: una mayor carga que los demás ciudadanos; en este caso, dado que lo jurídico es igual para todos, deberá estar atado a sus virtudes.
Como se ha señalado en otras columnas, este es el gran defecto de la rama judicial y del Estado colombiano. Las virtudes son despachadas al baúl de los recuerdos. El mérito profesional no es escudriñado, sino que constatado a partir de simples títulos; el mérito personal ni siquiera es considerado, pues tantos tienen rabo de paja. El país, como ocurre en otros tantos, se ha quedado con la ilusión de que si es lícito, todo está bien. Olvidan que aunque sea lícito, puede no ser correcto. ¿Habrá alguno pensado en la relación entre corrección y legitimidad? No está por demás pensar en ello, sobre todo ante el proceso de paz.
Edición N° 00338 – Semana del 8 al 14 de Febrero de 2013

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